Casona patrimonial abandonada da paso a modernos lofts

Iniciativa habitacional en Santiago busca la recuperación de viviendas en zonas emblemáticas.

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Después de años de abandono, la casona ubicada en calle Vergara 500 y construida por el arquitecto Carlos Sotomayor en 1924, hoy muestra más vida que nunca. El proyecto Santiago Vintage permitió rescatar este inmueble y transformarlo en un icono de diseño urbano.

"Lograr la puesta en valor de un inmueble que está en completo deterioro, es dos a tres veces más complejo que un proyecto inmobiliario convencional. Para Santiago Vintage tuvimos que tener una propuesta arquitectónica muy concreta y respetuosa. Como estas casas carecen de espacio para el desarrollo de las necesidades actuales como: estacionamientos, bodegas, piscina, etc., lo que hacemos es restaurar las viviendas históricas y las volvemos a habilitar con prestaciones modernas pero que no pierdan el espíritu de antaño. Esto se complementa con nuevas edificaciones, que permiten subsidiar en muchos aspectos a las construcciones antiguas" comentó Gonzalo Santolaya, gerente general de inmobiliaria Deisa.

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La oficina de arquitectos Ruiz Tagle-Vicuña, fue la encargada de trabajar la arquitectura macro de la propiedad "logramos rescatar los espacios originales, para mantener el espíritu de la construcción. Interiormente buscamos mostrar un lugar de mucha claridad y elegancia, parece que estamos en una galería de arte más que en un edificio de departamentos, esto da el contexto de lo que va a suceder dentro de los departamentos" expuso Hugo Vicuña.

El diseño de los espacios interiores estuvo a cargo del decorador Orlando Gatica, responsable de la ambientación. "La clave fue la óptima distribución de los lofts, trabajando los departamentos con elementos distintivos, como su cocina e iluminación, el diseño de pasamanos y escalas, que denotan el cuidado de donde se emplazan y ubican estos lofts. El objetivo era aplacar el ruido visual por lo que trabajamos en colores poco contrastantes haciendo que los espacios fueran relajados, entregando una atmósfera sofisticada y a la vez muy simple para aportar a un barrio tradicional de Santiago" señaló Gatica.

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Otro aspecto distintivo del proyecto fue el trabajo que se realizó en las zonas comunes, donde se rescató la monumentalidad del espacio. Se trabajó en dos tonos para enmarcar una intervención artística a cargo de María José Muñoz, del estudio de diseño e ilustración holateamo.

"El desafío era hacer un mural que fuese atemporal, pero que a la vez que estuviera vivo, que interactuara de manera sutil con el espacio, debía dejarse ver y a la vez potenciar las características de la casona, su altura, su espíritu. El concepto fue traspasar un elemento orgánico que aportara cierta vida. La simpleza de una hoja de un árbol, que se hace especial a través de su alta complejidad fundida en miles de líneas que dibujadas a mano entregan esa sensación de estar en movimiento".

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