OPINIÓN

Por Isabel Palma Gerente Comercial Inmobiliaria FG

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Hace un tiempo leí un estudio sobre los Millenials en el que se hablaba del cambio valórico de esta generación. Uno de los puntos más relevantes es que toman el trabajo más como un medio que un fin y el disfrutar de la vida y el tiempo libre tiene mucha más importancia. Por supuesto que los viajes están en el primer lugar de las formas en que disfrutan la vida. Pero también valoran momentos simples como poder pasear a su mascota, compartir un café o una comida con un amigo, ver una serie en pareja, regar el jardín o dar un paseo por la ciudad. La tendencia pareciera ser retomar aquella vida más sencilla y cotidiana que la vorágine de la vida diaria nos ha hecho perder.

Por otra parte, y en sintonía con lo anterior, los daneses han acuñado un concepto que parece calzar a la perfección con esta tendencia: Hygge (pronunciado "Hu-ga"). Este concepto no tiene traducción literal, pero lo usan para graficar momentos simples pero felices. Algo que nos hace sentir bien, que nos relaja y nos permite hacer una pausa en las actividades diarias para disfrutar. Así, existen situaciones o momentos hyggeling, como una chimenea prendida y estar con tu pareja escuchando buena música, cocinar unas ricas galletas con tu hija, o pasear por la plaza disfrutando las flores o el paisaje. Un asado improvisado con los vecinos o un café al medio día de un sábado son otro ejemplo de estos momentos.

Esta forma de ver el goce es una de las explicaciones que dan los daneses para ser uno de los países más felices del mundo. Aclaran que no tiene que ver con dinero o con cosas materiales, sino con darse tiempo para hacer una pausa y disfrutar lo que se tiene y a los que te rodean. Palabras como sencillez, comodidad, simpleza, calidez son cruciales.

Es una cuestión de actitud, pero ojalá haya un ambiente que lo propicie. Nos interesamos en este concepto porque la arquitectura de una ciudad, de un barrio y de una casa puede y debe ayudar a generar espacios para que quienes los habiten tengan más momentos hyggeling. Un buen desarrollo inmobiliario debería aportar a simplificar la vida de sus habitantes, a otorgarles un hogar que sea acogedor, con espacios para compartir con su familia, amigos y con la comunidad. Porque la vida es más fácil cuando se hace colaborativa, cuando se puede contar con el vecino para hacer el turno de los niños al colegio, para pedirle una taza de azúcar si hace falta. Cuando haya confianza para pedirle que riegue las plantas si estamos de vacaciones o cuando puedo compartir con ellos una cerveza después del trabajo. Así bien a la antigua.

Nuestra responsabilidad como desarrolladores es precisamente entender la importancia del aporte que hacemos a la calidad de vida de las personas. No se trata de tan solo venderles una casa o departamento, se trata de ayudarles a hacer su vida más fácil, más simple y más feliz.

Un plan maestro bien pensado y en el que los habitantes sean el centro de su diseño es la primera piedra. Desarrollar los nuevos barrios requiere imaginarnos la vida de quienes van a vivirlos, cuidando los detalles que harán la diferencia.

Muchas veces nos enamoramos de cómo se ve un desarrollo inmobiliario en el plano mirado desde arriba en una sala de reuniones. Sin embargo, es mucho más relevante caminar el terreno, conocer a los vecinos y descubrir la mejor vocación del lugar para ser un aporte a la comunidad y no un lunar.

La casa o departamento debe considerar la comodidad de quienes la habitarán. Da lo mismo si la casa es la más linda o la más moderna o que gane premios de diseño. Lo que importa es que sí sea la más cómoda y funcional, que las personas digan "qué rico vivir aquí".

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